miércoles, 20 de febrero de 2013

AL FUEGO LENTO

     En su disco Reversos, Javier Ojeda versiona magníficamente el poema de José María Hinojosa Idea, cuyos primeros versos dicen: Al fuego lento, templé la guitarra, de mi pensamiento. El saber se templa en el fuego lento del tiempo para la lectura, la reflexión y el diálogo. Las cosas bien hechas necesitan su tiempo, son incompatibles con las prisas, esas que según decía mi padre son propias de los ladrones y los malos toreros.
       El ritmo frenético de los acontecimientos en esta era de las autopistas de la información es incompatible con la capacidad del ser humano de convertir esa información en saber para actuar en consecuencia, tomando decisiones inteligentes, justas y que resuelvan problemas. Es la tiranía del dominio de una realidad creada por poderes que se escapan a la capacidad de los gobiernos democráticos para defender a la ciudadanía. Uno tiene a menudo la sensación de que se gobierna a impulsos, corriendo como pollo sin cabeza hacia no se sabe donde.
      El Departamento de Negocios, Innovación y Habilidades británico recientemente hacía público un informe titulado «El futuro del comercio informático en los mercados financieros», en el que alerta del incremento de la contratación bursátil realizada por computadores frente a la hecha por agentes de bolsa tradicionales. Conforme advierte este organismo público encargado de fomentar el crecimiento económico, el mercado y la innovación en el Reino Unido, la contratación hecha por máquinas informáticas supone ya el 30% de las operaciones en Londres y puede superar ya el 60% en Estados Unidos. Con una tendencia al alza progresiva.
      No hemos reflexionado suficientemente sobre este proceso de deshumanización en la toma de decisiones financieras, que se suma a la realidad en unos mercados internacionales peligrosamente desregulados. Un combate desigual en el que las limitaciones del ser humano y su capacidad de errar se encuentran en clara desventaja ante decisiones que desestabilizan gobiernos, mandan al paro a millones de personas y sacrifican el futuro de generaciones. Decisiones que tienen efectos instantáneos y se producen a una velocidad inabarcable para la inteligencia humana, sin posibilidad de contrarrestar los dramáticos efectos que provocan en las economías y las vidas de las personas.
      Recientemente escribía el director de este diario un artículo a propósito de la necesidad de aprobar una rigurosa Ley de Transparencia, en el que pedía a los partidos abordar con seriedad, y no con urgencia este problema. Ésta y otras cuestiones necesitan profundas reformas radicales, que sean consecuencia de un debate a fondo, de modo participativo, que ataje de raíz los males que nos asolan. Reformas que no se limiten a un maquillaje superficial para salir del paso, sino que nos sirvan para construir respuestas actualizadas a las exigencias de libertad, igualdad y convivencia fraterna entre los seres humanos investidos como ciudadanos.
       Que lo urgente no nos distraiga de lo importante. Definir lo que es importante es el primer paso para ponerse a la tarea transformadora y para ello es indispensable una ciudadanía con una opinión formada. Vivimos en un mundo incierto, en el que la sobreabundancia de información actúa a menudo como un obstáculo para encontrar la solución a un problema o para averiguar la verdad de los hechos. Por las redes circulan a toda velocidad versiones contradictorias, interpretaciones dispares, mentiras interesadas y medias verdades.
    Ahora más que nunca cobra importancia la existencia de una prensa libre para una democracia sana y vigorosa, hecha por profesionales que traten con rigor la información, que promuevan debates plurales en los que las ideas se contrasten con la única fuerza de su capacidad para argumentar, donde tenga espacio de libertad para expresarse la opinión fundamentada, para una lectura sosegada y reflexiva. Cada vez que desaparece un periódico la democracia se vuelve más pequeña, más famélica, más indefensa.
      Necesitamos tomarnos nuestro tiempo, el tiempo necesario para hacer bien las cosas. Las mimbres con las que se hacen las buenas decisiones requieren el fuego lento de la lectura, la reflexión y el diálogo. Las respuestas apresuradas que sólo buscan un titular efectista son una trampa que únicamente puede conducirnos a generar más frustración. Nuestra ética debe estar dispuesta a vencer la inmediatez forjando la voluntad de dirigir nuestra vida por la senda de los sueños posibles.
Publicado en La Opinión de Málaga el 20 de febrero de 2013.

domingo, 27 de enero de 2013

FALTA POESÍA

Vivimos tiempos desalmados, tiempos en los que la lógica despiadada del dinero se impone sobre cualquier consideración humana, tiempos en los que el ministro de Finanzas de un país de los llamados desarrollados como Japón pide a los ancianos que se den prisa en morir porque su atención médica cuesta mucho dinero. Se está perdiendo la vergüenza y el pudor para mostrar descarnadamente el peor rostro del capitalismo, que ve a las personas como apuntes contables y las trata como mercancías o en el mejor de los casos como consumidores.

            Desde la revolución industrial el ser humano ha experimentado un desarrollo exponencial de su capacidad tecnológica para ordenar científicamente los conocimientos técnicos y convertir ese saber en un poderoso instrumento para fabricar cosas. Esto ha permitido aumentar nuestra capacidad de producción de bienes, de sofisticar los medios para que los intercambios alcancen dimensión planetaria. Ha supuesto el dominio en definitiva sobre los objetos corporales y las cuestiones materiales. Sin embargo, como ya nos alertaba en 1935 Ortega y Gasset en la Revista de Occidente, el ser humano ha fracasado una y otra vez ante los problemas propiamente humanos.

            El avance de la humanidad hacia sociedades más libres, más justas, más solidarias, con mayores cotas de bienestar para una gran mayoría, camina sin embargo a trompicones, lentamente, a menudo con pasos atrás que parecen tirar por la borda todo el esfuerzo acumulado. Hoy vivimos uno de esos momentos de la historia y buscamos una luz al final del oscuro túnel de la desesperanza que nos indique la salida.

            Un cambio cultural se hace necesario para situar al ser humano en el centro de la política, para construir otro mundo en el que la economía se ocupe de atender las necesidades de la gente, donde la generación de riqueza sirva para aumentar el bienestar de todos. Los cambios se hacen necesarios cuando lo que era útil deja de serlo, cuando un tipo de vida o pensamiento resulta irracional para algunos, allí surge el germen de la dialéctica del cambio, en la toma de conciencia crítica de algunos sobre esta necesidad, que se propaga como una oleada imparable para alumbrar una nueva realidad política.

            Es urgente poner alma en las acciones cotidianas, dar sentido a las cosas que hacemos en lugar de someternos al sentido de las cosas. María Zambrano en su concepto de razón poética armonizaba ambos aspectos del conocimiento humano, la razón y la poesía. Ambas amplían nuestras capacidades y ennoblecen nuestra condición humana de seres estructurados por la necesidad. Encontrar su profundo sentido, contemplando la realidad para comprenderla y desplegando después la enorme capacidad de transformarla son tareas propias del pensador y del poeta.

            Es el momento de defender el papel de los intelectuales como impulsores de los cambios sociales, como voces defensoras de la libertad y enfrentadas a los poderes no limitados por principios democráticos, como pedagogos que agiten la conciencia crítica de la ciudadanía para luchar por otra realidad que sí es posible. Este debe ser el cometido principal de la cultura en una sociedad democrática, favorecer espacios para el pensamiento y el debate. Lugares donde seamos capaces de alumbrar un nuevo pacto social de convivencia basado en valores que humanicen la política, la economía y la sociedad.

            Esta es una tarea colectiva que no puede reducirse a un lujo cultural que se recree en sí mismo, sino que debe extender su compromiso a toda la sociedad. La amplia red de equipamientos culturales y educativos son una oportunidad para que la ciudadanía se implique en esta empresa necesaria de un modo participativo, que fomente la creatividad y la expresión del pensamiento crítico. Escuelas de cultura para una sociedad mejor, que sea capaz de conducirse por la senda de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad derivada de instituciones democráticas para un nuevo tiempo.

            Todavía no hemos tomado conciencia de lo que está suponiendo esta crisis. La agenda política y social de temas que están sobre la mesa, nos interpela sobre cuestiones fundamentales para salir de este bucle destructivo en el que estamos atrapados. Es el momento de tomar conciencia de la necesidad de cambios profundos que no pueden ser para apuntalar el sistema. Vivimos en un edificio insano que necesita profundas reformas para hacerlo habitable. Es tiempo para alumbrar esperanza, hora de tomar partido hasta mancharnos, de comprometernos y actuar provocando nuevos actos, de poetas que empuñen armas cargadas de futuro como defendía Gabriel Celaya.
 
Publicado en La Opinión de Málaga el 27 de enero de 2013.

martes, 8 de enero de 2013

DEMOS Y CRACIA

     El peligro mayor a la hora de hacer un diagnóstico sobre la realidad es confundir los síntomas con la enfermedad. El gran problema al que nos enfrenta la crisis económica que vivimos no es el déficit de las cuentas de los Estados, sino el déficit que supone la incapacidad de los gobiernos democráticos para gobernar el monstruo de los poderes financieros en una economía globalizada. En el capítulo XVII del Leviatan nos recordaba Hobbes que los pactos que no descansan en la espada no son más que palabras, sin fuerza para proteger al hombre, en modo alguno”. En nuestros tiempos, la espada del Estado-nación se muestra inofensiva para establecer reglas democráticas en una economía altamente globalizada, peligrosamente desregulada y donde la especulación financiera prima sobre la producción de bienes y servicios para atender las necesidades humanas.

     En la arquitectura institucional que estructura nuestras democracias acostumbramos a poner el énfasis en las constituciones, las leyes de leyes a las que deben someterse todas las normas del Estado. Olvidamos sin embargo, que fue la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 en Francia, inspirada en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776, el origen de nuestro sistema político basado en principios de libertad, igualdad y fraternidad. La Constitución Francesa de 1791 llega precisamente para garantizar unas instituciones capaces de defender los derechos proclamados en la declaración de 1789. Es el triunfo de la libertad del individuo, el pacto social para construir un Estado que proteja al ciudadano del abuso del poder, sometiéndolo a reglas para preservar sus derechos como persona.

      Tras la Segunda Guerra Mundial, tras el sueño de la razón que engendró el monstruo del fascismo, recién despierta de la pesadilla fratricida, Europa acometió la tarea de construir un espacio de convivencia pacífica sobre la base de tratados entre sus Estados. El Tratado de Roma dio origen a la Comunidad Europea, tomando como eje de su construcción la cooperación económica para hacer juntos un mercado común. Con el Acta Única Europea se avanzó en este camino institucional. Parecía que se apuntaba a una mayor cooperación política, hacia una cohesión económica y social. Pero la realidad tras el Tratado de Maatstricht y la creación del Euro ha sido decepcionante para las aspiraciones de una auténtica ciudadanía europea en una Europa federal.

      Los ciudadanos de los Estados miembros de la Unión Europea, hemos cedido soberanía a instituciones supranacionales con un alto déficit democrático. Los procedimientos de toma de decisiones siguen pasando por órganos donde están representados los gobiernos de cada país, sin que exista un verdadero gobierno de los europeos que tome decisiones pensando en el interés general de toda la ciudadanía. Construir una arquitectura institucional democrática de la Unión Europea, con un parlamento que represente a la ciudadanía en su conjunto, con un gobierno elegido democráticamente que tome decisiones en interés de todos, se hace urgente y necesario para fortalecer la capacidad de defendernos de los oscuros poderes financieros transnacionales. El camino recorrido hasta el momento ha sido generar instituciones para poner límites a las democracias nacionales pensando en el mercado común, ahora es tiempo de expandir la democracia para un auténtico gobierno de la ciudadanía sobre la política económica europea.

      En el ámbito de los Estados-nación se hace necesario reformar nuestros sistemas políticos para ganar calidad democrática. El debate ciudadano debe encaminarnos a lo que Barack Obama denominó como open government, gobiernos abiertos que sean transparentes, participativos y colaborativos. Transparencia entendida como derecho del ciudadano a acceder a la información de las administraciones de manera sencilla y clara, para un mayor control de la acción de los gobiernos. Participación que favorezca la implicación activa en las políticas públicas más allá del ejercicio del derecho al voto cada cuatro años. Colaboración entre administraciones, empresas y sociedad civil para alcanzar objetivos de interés general.

       Podemos recuperar la política como instrumento para hacer juntos una sociedad inspirada en valores de libertad, igualdad y fraternidad. Las democracias son organismos vivos que son saludables si se fortalecen con la práctica cotidiana. El ejercicio democrático diario es más necesario que nunca, porque sólo un demos de ciudadanos activos será capaz de recuperar el poder, la cracia, sobre el gobierno de nuestro destino compartido.

Publicado en La Opinión de Málaga el 8 de enero de 2013.

lunes, 17 de diciembre de 2012

ECONONUESTRA


El economista de Harvard nacido en Turquía y de origen sefardí Dani Rodrik, en su libro La paradoja de la globalización, reflexiona críticamente sobre su profesión estableciendo el diferente planteamiento de los expertos en economía cuando se expresan en el ámbito académico, en contraste con sus opiniones en foros menos exigentes. Los mismos economistas que sientan doctrina dogmáticamente en tertulias sobre qué hacer, realizan análisis más ricos en matices en la universidad, en una actitud intelectual más de acuerdo con como suele ser la sociedad, compleja, contradictoria y conflictiva.
      Las opiniones de los economistas, como en otros ámbitos del conocimiento, están marcadas por la ideología de quienes las formulan, en un terreno donde además se juegan muchísimos intereses. Un espacio en el que no es igual defender la neutralidad de la política ante los mercados favoreciendo a los poderes económicos, que concebir la política económica como un instrumento para reequilibrar la riqueza redistribuyéndola con criterios de igualdad, justicia y solidaridad. El campo de batalla ideológico por excelencia.
         Los ideólogos de la derecha presentan la crisis económica como la gran coartada para desmontar el Estado de bienestar. La economía se nos presenta como una ama tirana, a quien debemos rendir culto sacrificando a nuestros hijos en el altar de los mercados para aplacar su ira. El reto de la socialdemocracia es desvelar las coartadas ideológicas, demostrando que el reparto igualitario, justo y solidario de la riqueza hace a las economías de los países más prósperas, competitivas y eficientes. Formular modelos de crecimiento económico sostenido y sostenible, basados en la innovación, el conocimiento y el respeto al medio ambiente.
         En un mundo donde aplicar el conocimiento a la producción determina la competitividad, la educación y la investigación son vitales para recuperar la senda del crecimiento y la creación de empleo. Por tanto, el sistema educativo debe ser equitativo, para que todo el talento acceda a la formación sin que dependa del dinero de las familias la oportunidad de estudiar. No podemos permitirnos desaprovechar parte de nuestro capital humano, no solamente por un imperativo de justicia social sino por el futuro de nuestra economía productiva. Las inversiones en la educación pública deben ser la prioridad de la política económica de España.
        Activar los recursos económicos disponibles en inversiones productivas para el impulso de la economía es necesario, dentro de una política económica orientada a estimular sectores de futuro. La atención a personas dependientes tiene potencial para generar en el horizonte de 2015 más de 600.000 empleos, según el Informe de la Fundación Alternativas sobre La atención a la dependencia y el empleo. Las empresas españolas que exportan tienen un futuro prometedor, que merece el apoyo público para que aumenten su presencia en mercados exteriores. Sectores como las energías renovables, la biotecnología, las industrias culturales, la industria aeroespacial, las ecoindustrias, forman parte de la nueva economía a desarrollar y para la que estamos debidamente preparados. Tenemos empresarios capaces y profesionales cualificados, falta una política económica de estímulo.
       El lastre de la deuda requiere una respuesta europea solidaria que pasa por poner en marcha los eurobonos. No es aceptable que Alemania se esté beneficiando de la financiación al coste más bajo de su historia por la brecha del diferencial de deuda entre la Europa del Norte y la periferia. Reforzar las instituciones políticas europeas haciéndolas más democráticas y representativas, avanzar en la Europa federal de los ciudadanos es tarea prioritaria para la socialdemocracia. Existe un déficit más peligroso que el presupuestario, el déficit de gobernanza de la democracia sobre el poder financiero.
       Hace falta en definitiva una economía que atienda a las necesidades de la ciudadanía, que abra las ventanas a un futuro de esperanza para el empleo y el bienestar social de las personas, una econonuestra, con políticas económicas democráticas diferentes a las recetas de la derecha que solamente nos ofrece resignación ante los poderes económicos. Es esta la tarea urgente en la que los socialistas debemos emplearnos a fondo, ofreciendo alternativas innovadoras, rigurosas y realizables. El tiempo se agota para mucha gente que no puede esperar.

Publicado en La Opinión de Málaga el 16 de diciembre de 2012.



jueves, 22 de noviembre de 2012

ANDALUCES d´ESPLUGUES


Ante su manifiesta incapacidad para cumplir su compromiso de sacarnos de la crisis, las derechas española y catalana pretenden enredarnos en la tela de araña del debate territorial. Rajoy y Mas están aplicando las mismas recetas de recortes del Estado de bienestar desde sus gobiernos, injustas e inútiles para la reactivación económica y la creación del empleo que prometieron. Extienden la tinta de calamar de enfrentar dos nacionalismos, el español y el catalán, para ocultar el verdadero debate que interesa y preocupa a la mayoría social en este momento, la necesidad de encontrar juntos una salida justa a la crisis.
     La reciente España de las Autonomías, la que nace con la Constitución democrática de 1978, vino a resolver uno de los problemas ancestrales de nuestro país. Ha sido la respuesta a una circunstancia que algunos se empeñan en negar, la diversidad cultural de los territorios que componen nuestra realidad histórica. Una respuesta basada en el respeto de las diferencias, entendiendo la lengua, las singularidades de cada territorio y de las gentes que lo habitan, como una riqueza a preservar. Una España en la cual, sin renunciar a la identidad de cada uno, todos podamos sentirnos españoles en un proyecto de tolerancia, confianza y respeto mutuo.
      Algunos se han empleado a fondo durante años buscando réditos políticos partidistas, en agitar los vientos del enfrentamiento entre territorios. En calentar el ambiente pintando una España al borde de la ruptura de la convivencia pacífica. Ahora recogemos sus tempestades con el ascenso del nacionalismo independentista en País Vasco y Cataluña. El Partido Popular, secuestrado por la derecha más extrema, se ha instalado en el discurso contra las autonomías de aquel joven Aznar que escribía soflamas reaccionarias en el Diario de La Rioja.
      La realidad es otra. Es la de una Cataluña desarrollada industrialmente con la aportación de trabajadores andaluces y extremeños, que se integraron en la sociedad catalana sin renunciar a su cultura. Donde cuando llega la primavera celebran su particular Feria de Abril y hablan andaluz y catalán, pero no en la intimidad, sino en festiva convivencia. La de una Andalucía, a la que el inicio de la Guerra Civil le impidió ser una comunidad histórica, pero que hizo historia el 28F de 1980 levantándose cívicamente para conquistar el derecho a igual autogobierno que catalanes, vascos y gallegos.
      Una reflexión serena sobre el desarrollo de las autonomías, basada en estudios rigurosos y solventes, muestra una realidad en la que la igualdad no se ha visto dañada por la diversidad cultural y política, y lo más importante, que las distancias entre los diferentes niveles de bienestar entre territorios han disminuido considerablemente. Sin duda el sistema es mejorable, sin duda la experiencia de estos años y los tiempos demandan abordar la no duplicación y una mejor coordinación entre administraciones. Desde el PSOE se ha iniciado un proceso de reflexión sobre el modelo de Estado, para afrontar un futuro que garantice la convivencia pacífica de todos entendiendo la diversidad como un valor positivo. Es posible hacer juntos un camino por la senda del federalismo cooperativo y social, que concilie la mayor autonomía política de los ciudadanos de cada territorio con la inclusión participativa en una voluntad común de ser españoles. No es cierto que las autonomías sean un problema para la economía del país. El 55% de la población mundial, que representa el 65% del PIB global, vive en estados federales como Alemania y Estados Unidos, con economías competitivas en un mundo globalizado. Son los factores relacionados con su estructura económica, como la educación, las infraestructuras, los sectores de actividad productiva, los que explican la fortaleza de la economía de un país más que el modo de organizar el poder territorial.
      Son necesarios gobiernos cercanos a la ciudadanía, que se ocupen de servicios públicos como la salud, la educación, la cultura, la atención a la dependencia y las prestaciones sociales. Nuestra propuesta es hacerlo caminando juntos por la senda de una España unida y diversa, hecha con valores de convivencia y solidaridad. Una España en la que un andaluz d´Esplugues pueda celebrar la Feria de abril en Cataluña y un catalán de Sevilla pueda investigar con células madre en Andalucía. De todo esto, habla mejor que yo una mujer socialista, catalana de abuelos andaluces, profesora de derecho constitucional y que fue primera teniente de alcalde d´Esplugues de Llobregat, su nombre es Carmen Chacón.

Publicado en La Opinión de Málaga el 22 de noviembre de 2012.

miércoles, 31 de octubre de 2012

SIN HIPOTECAS


     El remordimiento. Esa cadena tirana que nos engancha a la pesada bola de nuestro sentimiento de culpa. La plomiza opresión del mantra de nuestro tiempo que nos repite una y otra vez martilleando insistentemente sobre nuestras conciencias, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, es una poderosa fuerza dirigida a doblegar la conciencia y la voluntad de lucha de la ciudadanía ante esta injusta salida de la crisis.
       Pretenden convencernos de que quienes montaron la fiesta del crédito fácil y barato, para ganar enormes cantidades de dinero a costa del sueño de la clase media trabajadora de tener una casa en propiedad, no son en absoluto responsables del drama que vivimos. Quienes no quisieron ver el contrato precario con sueldo mileurista de un joven trabajador al pedir un crédito, sino que lo animaron además a comprarse un coche nuevo, amueblar la casa y darse un viajecito en vacaciones, ahora se convierten en verdugos de su futuro ejecutando cientos de desahucios diarios.
      La codicia de los bancos por hacer negocios altamente lucrativos con el crédito masivo, fue mayor que la prudencia que debieron tener a la hora de evaluar riesgos dentro de una buena práctica del negocio bancario. Claro que son altamente culpables de la situación que vivimos, donde uno de los grandes problemas de nuestra economía es el sobreendenudamiento de las familias al que contribuyeron entusiastamente comercializando créditos y productos financieros de modo irresponsable.
      El sector financiero que fue el origen de esta crisis brutal, pretende que el problema del agujero en sus balances lo paguemos entre todas y todos. Los defensores de la libre economía de mercado cuando ganaban dinero, se tornan ahora en exigentes demandantes de la intervención del Estado para socializar sus pérdidas bajo la coartada de la crisis económica.
      Es hora de decir basta. Hicieron malos negocios y deben asumir las consecuencias con las correspondientes pérdidas a su cargo. Y para la gente que sufre, hay que plantear seriamente alternativas. Resolver un drama humano que angustia a miles de familias a diario, la despiadada máquina de ejecutar desahucios que dejan en la calle a cientos de mujeres, hombres, ancianos y niños. ¿Por qué el dinero que se va a dar a los bancos para que tengan liquidez no pasa por levantar hipotecas de las familias que no pueden pagar porque han perdido su trabajo? ¿Son necesarias modificaciones de las leyes?, pues hagámoslas, seria, responsable y democráticamente.
     En estos días hemos podido conocer las propuestas de un grupo de jueces que elaboraban un informe para el Consejo General del Poder Judicial. En este documento se hace un examen crítico de la mala praxis seguida por la banca al extender créditos con ligereza y comercializar irresponsablemente productos financieros complejos. Sugieren extender al ciudadano sobreendeudado una parte de los beneficios y ayudas que la banca recibe del Estado, para evitar la ruina de esas personas y su exclusión social, y distribuir así las consecuencias de la crisis económica. Proponen el concepto de deudor hipotecario de buena fe, estableciendo la dación en pago regulada obligatoriamente, la modificación del procedimiento de ejecución hipotecaria, atribuyendo al juez la facultad de acordar moratorias de pago, medidas para que el deudor pueda continuar en su vivienda mediante arrendamiento. Un modo más humano de tratar a las personas para no dejarlas en la calle sin más.
        Todas estas iniciativas requieren cambios en las leyes, cambios necesarios que muestran que para salir de la crisis no podemos permitirnos una democracia por debajo de nuestras necesidades. El PSOE ha tomado la iniciativa política elaborando una proposición de ley de medidas contra el desahucio, el sobreendeudamiento y la insolvencia. Establecer nuevas condiciones que aumenten el plazo de pago, el alquiler social para seguir viviendo en su casa si se ejecuta la hipoteca, la dación en pago obligatoria y medidas que prevengan el alto endeudamiento en el futuro, son algunas de las propuestas de los socialistas para abordar este drama humanitario. Pudimos hacer más cosas y mejor cuando gobernamos y el precio político ante la ciudadanía está pagado en las urnas con creces. Ahora es tiempo de mirar al futuro sin hipotecas, con sensibilidad ante los que lo pasan mal, inteligencia para elaborar alternativas y coraje para plantear causas que abran ventanas a la esperanza de una salida justa a la crisis.

Publicado en La Opinión de Málaga el 31 de octubre de 2012.

miércoles, 10 de octubre de 2012

CUI PRODEST


Existe un principio jurídico de origen en el Derecho Romano, según el cual para determinar la autoría de un crimen resulta esclarecedor preguntarse cui prodest, ¿a quién beneficia?. Séneca lo expresaba con certeza en su Medea, “cui prodest scelus, is fecit”, aquél a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido.
       En estos tiempos oscuros que nos ha tocado vivir, se está cometiendo delante de nuestras narices un crimen contra el Estado social. El que construimos entre todos como modelo democrático de convivencia en la Constitución, tras cuarenta años de opresión y atraso respecto al resto de Europa. Se nos cuenta que todas las medidas que se están tomando son por nuestro bien, que tenemos que hacer un esfuerzo para sanear la economía del país y recuperar la senda del crecimiento y la creación de empleo. En definitiva, que todos los sacrificios que se nos piden son en nuestro beneficio.
          En busca del equilibrio del presupuesto, el Gobierno aumenta la presión sobre las rentas del trabajo, sube el IVA e incrementa las retenciones a los profesionales. Existen medidas alternativas como perseguir eficazmente el fraude fiscal, el de las grandes fortunas y las grandes corporaciones, la recuperación del impuesto sobre el patrimonio, el aumento de la fiscalidad más sobre los que más tienen y la lucha contra la evasión de capitales.Pero esta elección supondría repartir las cargas de la crisis con más justicia y seguramente no resultaría beneficiosa para los poderes económicos.
        Se nos dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora toca reducir el tamaño de nuestros ayuntamientos, comunidades autónomas, parlamento, servicios públicos, de nuestra democracia. Sin embargo, no he escuchado a nadie decir que tenemos parroquias y curas por encima de nuestras posibilidades. La Iglesia es la gran ausente en los recortes de este Gobierno de la derecha ultracatólica. No estaría de más que soportara cristianamente parte del esfuerzo que se nos pide a todos, pagando el IBI como todos los ciudadanos y reduciendo la aportación del Estado al mantenimiento de su estructura. Hay que recordar que la aportación de la Iglesia a la encomiable labor social de las Caritas Diocesanas no llega al 5%, el resto de la financiación de sus programas de atención a los que más sufren la crisis se reciben de las diferentes administraciones. Pedir un esfuerzo solidario a la Iglesia seguramente no sería beneficioso para la jerarquía eclesiástica.
         Se recorta la joya de la corona del Estado de bienestar español, nuestro sistema de salud que garantiza prestaciones universales de alta calidad a costes más que razonables. Un modelo sanitario que ha favorecido la alta cualificación de nuestros profesionales de la medicina. Una salud para todos que favorece que la investigación biomédica sea una realidad pujante en España. Y se recorta bajo la capa que todo lo tapa de la “inviabilidad financiera”. Pues bien, también en esto hay alternativas y desde Andalucía marcamos camino. El Gobierno de la izquierda de Pepe Griñán planteó una subasta de medicamentos para reducir costes sin mermar calidad en la atención sanitaria. Pero esta medida chocó con la oposición frontal del Gobierno de Rajoy, tal vez por no ser beneficiosa para la industria farmacéutica.
           Se nos plantea la necesidad de rescatar al sector financiero, sanear bancos y cajas de ahorros para que fluya el crédito nuevamente a empresas y familias y la economía funcione de nuevo. Un rescate a un sector donde descubrimos de la noche a la mañana que Bankia no tenía los millonarios beneficios que decía, sino que era un profundo agujero negro que crecía a medida que íbamos sabiendo más sobre su nefasta gestión, sin exigir responsabilidades a sus gestores. Es hora de plantearse seriamente inyectar dinero con la garantía de todos para sanear la banca española, pero hacerlo pasando por rescatar a la gente de la losa insoportable que suponen sus deudas hipotecarias que no pueden pagar por la pérdida de su trabajo. Pero pedir responsabilidades a los gestores de las entidades financieras y rescatar a las personas antes que a los bancos, seguramente no sería beneficioso para los poderes financieros.
       La próxima vez que le anuncien medidas contra la crisis, pregúntese cui prodest, a quien benefician, si ninguna de ellas va encaminada a defender la protección del Estado de bienestar, si ninguna de ellas tiene como finalidad reactivar la economía y crear empleo, desconfíe y sospeche mucho. Alguien le está robando el futuro, el suyo y el de sus hijos.

Publicado en La Opinión de Málaga el 10 de octubre de 2012.